LOS FARMACÉUTICOS NO SON MÁQUINAS EXPENDEDORAS

Tener que explicar la afirmación que encabeza nuestro artículo de hoy, “los farmacéuticos no son máquinas expendedoras”, debería ser tan innecesario como explicar que el sol siempre sale por el este, -te pongas mirando a donde te pongas el sol sale siempre por el este-, pero la realidad es que más a menudo de lo deseado se oye en este gremio cómo se cuestiona la labor del farmacéutico asegurando (de forma bastante temeraria, por cierto) “que eso de leer una receta y despachar el medicamento lo puede hacer cualquiera”.

Aunque no es en este caso menester entrar a valorar si nuestro farmacéutico debería tener más o menos funciones, o al menos opinión,  sobre el diagnóstico realizado por un médico y el tratamiento puesto por este para la cura de la patología; es obvio que dependiendo de los países y culturas en los que uno se mueva esa flexibilidad que tiene el boticario es mayor o menor. Por ejemplo, y como cualquier compañero de bata blanca sabrá, en el mundo anglosajón se tiene más cancha para actuar sobre la patología diagnosticada (bastante más); pero es una temeridad absoluta decir que en España nuestros farmacéuticos solo “expenden medicamentos” cual máquina de refrescos.

La labor didáctica del farmacéutico ha sido a lo largo de la historia algo fundamental para el paciente y sus dudas como medicado, pero además no debemos olvidar que esta faceta didáctica ayuda también a la cada vez más perseguida labor comercial en una oficina de farmacia. ¡Cuidado! No se caiga aquí en el error de entender “labor comercial” como mercadeo de la salud; pues en una oficina de farmacia se habla de eso, de salud, pero como ya dijimos en ocasiones anteriores en FARMATALENT entendemos que hacer una venta cruzada de algo que beneficia y/o complementa al paciente/cliente (usado a conciencia la doble denominación) no es hacer nada siniestro sino que indica que algo siendo mejorable ha sido mejorado.

Cuando uno acude a su farmacia habitual -o de paso- y pide que se le dispense lo que el médico ha tenido a bien recetarle, debería ser habitual que espere de su farmacéutico el consejo o las advertencias oportunas que este, en su detallado conocimiento de la farmacología, le da con la mejor de las intenciones; amén de ir más allá si lo considera oportuno con preguntas sobre incompatibilidades, protectores estomacales o reacciones adversas cutáneas. (Por nombrar algunas de las eternas posibilidades en las que las preguntas acertadas del galeno podrían mejorar nuestro tratamiento…).

Lo normal y esperado por cualquier paciente/cliente de una farmacia es que el farmacéutico interaccione con él, comente, pregunte, aconseje… Lo normal es que se pueda defender que un farmacéutico no es esa máquina expendedora de refrescos a la que tú aprietas un botón y te sirve la Coca Cola solicitada. Ahora bien; hay que saber que para lograr ese perfil en nuestra farmacia y poder diferenciarse de la automática máquina expendedora; es fundamental cuidar el aspecto docente y la buena didáctica que todo el que entra a la farmacia requiere para irse de la misma mimado, escuchado y, lo que todo el mundo espera, con ganas de volver.

Es reconocido (afortunadamente por casi todo el gremio) que la venta agresiva no funciona nunca tras el mostrador de una farmacia pero que sí funciona, contrastada y positivamente; emplear un minuto de más en cuidar, explicar y valorar a cada personas que acude en nuestra ayuda.

-Felices consejos-

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